Un día en Copenhague

Autor invitado: luisnsario

Aunque un día en Copenhague pueda parecer escaso, nos bastará para experimentar fugazmente su atmósfera y tener algunas impresiones generales.

Es la capital más cool y cosmopolita de Escandinavia. Referente indiscutido de  sostenibilidad urbana, donde la bicicleta es un medio de transporte serio y en verano la gente se zambulle despreocupadamente en los mismos canales céntricos donde se aglomeran las embarcaciones. Las tiendas de diseño exhiben lámparas y muebles que se distinguen por su sobria belleza. Es el faro de la revolución que en la última década supuso la Nueva Cocina Nórdica, donde (con el multipremiado NOMA a la cabeza) se han multiplicado los sofisticados restaurantes que cultivan sus alimentos en sus propios jardines o invernaderos. Los coloridos edificios restaurados del siglo XVI y XVII conviven armónicamente con la nueva era dorada que está viviendo la arquitectura de vanguardia danesa, con las obras de Bjarke Ingels a la cabeza. Copenhague es una ciudad fascinante por demasiadas razones.

Antes de llegar a Copenhague debemos tener en cuenta dos elementos esenciales.

Necesitaremos un buen calzado y además, no sólo para aprovechar mejor los tiempos del recorrido sino porque nos permitirá sentirnos copenhaguenses por un día: la bicicleta. No será difícil conseguir una en los numerosos puestos de alquiler y además muchísimos hoteles facilitan este servicio.

En este paraíso foodie la buena gastronomía no es exclusiva de los grandes restaurantes con estrellas Michelin, sino que es casi omnipresente. Para empezar el día se puede desayunar en el céntrico Mercado de Toverhallerne, cerca de la estación de metro Nørreport, donde más de 60 puestos exhiben productos de primera, desde carne y pescados hasta especias y flores. Además cuenta con restaurantes y cafés. Para los que quieran probar los típicos porridge (coloridos cuencos con cereales, miel, yogur, frutos rojos, de estación, secos, etc. en infinitas combinaciones) se recomienda visitar el famoso GRØD. Quienes no puedan prescindir del café matinal, pueden optar por The Coffee Collective.

Si preferimos comprar el desayuno para llevar, podemos disfrutarlo en los cercanos Jardines del Castillo de Rosenborg, el parque más visitado de la ciudad, con avenidas peatonales franqueadas por tilos que circundan un delicado palacio real en estilo renacentista holandés.

Luego se puede tomar la calle Købmagergade y visitar brevemente la Rundetaarn (Torre Redonda), emblema de la ciudad. Esta torre construida en el siglo XVII como observatorio astronómico posee un pasillo interior helicoidal que luego de siete vueltas permite arribar a la parte más alta del edificio donde tendremos la primera vista panorámica de Copenhague. Al descender podemos continuar hacia la peatonal Strøget y sus callecitas aledañas en el corazón de la ciudad para hacer algunas compras. Sobre esta calle abarrotada de negocios se encuentran algunas excelentes tiendas de diseño escandinavo, como HAY House o Illums Bolighus. Si se viaja con niños sería casi una crueldad no visitar la tienda de los mundialmente famosos LEGO en su país de origen.

La misma peatonal Strøget desemboca en la plaza Kongens Nytorv (“Nueva Plaza del Rey”), la más grande de la ciudad, creada por el rey Cristian V en 1670. Como curiosidad, en la plaza hay un antiguo quiosco construido en estilo neobarroco, que en 1913 albergó el primer teléfono público de Copenhague.

Lindando la plaza comienza el canal y paseo marítimo de Nyhavn (“Puerto Nuevo”), tal vez la imagen más pintoresca y emblemática de la ciudad. En sus sosegadas aguas retozan viejas embarcaciones de madera a los pies de coloridas construcciones del siglo XVII. Este paseo, con su canal construido por prisioneros de guerra suecos y donde Hans Christian Andersen vivió gran parte de su vida, supo tiempo atrás poblarse de marineros, prostitutas y sórdidas tabernas. Hoy todas sus casas han sido restauradas y los muchos restaurantes con mesas que se asoman al agua ofrecen el ámbito perfecto para un almuerzo apacible. Nada mejor que probar un típico y liviano Smørrebrød: una especie de sándwich abierto que consta de una rodaja de pan de centeno con una base de manteca, sobre la que se apilan arenques encurtidos, carne, quesos, vegetales, hierbas y un infinito etcétera.

Luego del almuerzo, en Nyhavn mismo, es posible contratar un paseo en barco que nos permita recorrer los canales de la ciudad y ver sus edificios más emblemáticos desde el agua. Además de lo placentero del recorrido y de la belleza del panorama, veremos angostos puentes serpenteantes que atraviesan los canales de tránsito estrictamente ciclista, gente haciendo pic-nics sobre botes impulsados a energía solar, aguas limpias a tal punto que los niños nadan entre las embarcaciones y donde incluso algunos restaurantes cultivan sus propios frutos de mar.

Es la tarde y retomando la bicicleta abandonamos Nyhavn, atravesamos el puente Inderhavnsbroen y del otro lado ya nos encontraremos en el pintoresco distrito de Christianshavn. Soportaremos los adoquines hasta llegar hasta la bellísima Iglesia de San Salvador (o Vor Frelsers Kirke), que posee una característica y delicada torre en espiral con una escalera exterior, desde donde se obtiene una inmejorable vista de toda la ciudad.

En las inmediaciones de esta iglesia nos encontraremos ya en los límites del la Ciudad Libre de Christiania: un sector de la ciudad de Copenhague donde habita una comunidad en teoría autosustentable y donde desde 1971  perviven los ideales hippies de vida en comunidad opuesta a las sociedades de consumo. Tiene aproximadamente mil habitantes, que no se consideran pertenecientes ni al estado danés ni a la Unión Europea.

Tomamos la avenida Torvegade, dejando atrás el barrio de Chistianshavn y volvemos a cruzar el canal principal. Del otro lado bordearemos el imponente edificio de la Bolsa, una construcción de 1640 con un sorprendente chapitel formado por las colas de cuatro dragones entrelazadas en forma de espiral. También veremos el antiguo Palacio Real de Christianborg, y doblando a la izquierda el sobrio edificio del Ayuntamiento antes de llegar al último lugar por visitar del día: los magníficos Jardines de Tívoli.

Este pintoresco parque de diversiones pionero, de visita obligada, fue fundado en 1843 y se dice que fue aquí donde el mismísimo Walt Disney encontró la inspiración para su propio proyecto. Cuenta con sectores temáticos, escenarios, edificios de arquitectura exótica, juegos de feria, cuidados jardines y un pequeño lago donde todas las noches tiene lugar un show de luces que crean una atmósfera de cuento infantil. También hay conciertos de rock, jazz y música clásica de primer nivel. Entre las nostálgicas y coloridas atracciones sin duda la más popular es la antigua montaña rusa de madera, de 1914. Ver caer el sol desde este parque y cenar en alguno de sus variados restaurantes es todo lo que necesitamos para cerrar un día perfecto.

Dinamarca fue un gran imperio que se desmoronó, reteniendo finalmente sólo una pequeña porción de territorio. Sin embargo, al contrario que Portugal, no se sume en la nostalgia de las glorias pasadas y mira hacia el futuro. Sus habitantes son gentes que durante el invierno soportan no solo el frío sino también largas penumbras con poquísimas horas de luz al día. Tal vez esto explique su pasión por las velitas, su literatura y cine oscuros, sus sobrios muebles y cálidos hogares de luterana austeridad, su entusiasmo por el sol y la vida al aire libre cuando llega el verano, o por sobre todo el extendido concepto de Hygge: una palabra danesa de difícil traducción que sugiere un estado de ánimo acogedor, de hogareño bienestar y de reunión confortable. Los daneses miran el mundo desde un lugar distinto, y si en veinticuatro horas logramos absorber algo de su carácter, definitivamente nuestra visita habrá valido la pena.

¿Y ustedes? ¿Ya pensaron en conocer Copenhague?

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Comentarios
Ver

  • No conozco Copenhague , pero después de leer ésta magnífica descripción, me gustaría conocer . Felicitaciones a su autor !! Sigan publicitando notas de éste nivel de detalle y consejos indispensables. Sin desperdicio

  • Me encantó tu relato tan detallado, tengo a Copenhague en la mira hace tiempo, espero visitarla pronto.

  • Que hermoso recorrido! Lo unico que me parece que un dia no es suficiente para tan magnifico periplo, sobre todo tener en cuenta que si no es en verano, los dias son muy cortos. Pero felicitaciones Luis por tan lindo relato! Me dieron ganas de volver

  • Vean Rita la serie que está en Netflix para entender un poco de su cultura y educación. Diametralmente opuesta a la Argentina.

  • Pasé, es tal cual lo mencionás.
    Faltan varios puntos de la ciudad que son bastante importantes como para conocer.
    El Barrio de Vestebro, El Kastellet, La Sirenita, viajar a Elsinor, La Opera, ir al Papireen a comer, etc.
    De todas maneras cuando uno se conecta con gente de allá, nota que como siempre, los medios de comunicación son mas poderosos que la verdad, siempre.
    El Abuso del Hygge, posiciones en grillas donde se la reconoce la mas feliz, la mas segura, la mas limpia, etc. Mientras que la verdad está repleta de jovenes con alto consumo de antidepresivos, ocultar los actos delictivos, etc.
    De todas maneras, para hacer turismo es una bella ciudad.

  • Después de haber leído esta deliciosa descripción tengo muchísimas ganas de conocer Copenhague!!! Felicitaciones liusnsario y gracias por este detallado aporte!

  • tengo un amigo que se fue a vivir recientemente ahi por cuestiones laborales, y quedo maravillado. El otro dia me decia que vaya a visitarlo que me daba hospedaje je, y a pesar de ser una ciudad cara los gustos hay que darselos en vida. Si a eso le sumo que tengo un canje de millas a Madrid por AR para septiembre me cierra redondo jaja.

  • Estuve en Copenhague y es tal cual, me encantó. Volvería sin dudarlo. De todas formas no creo que sea recorrido para un día.

  • Luis Sario sos un genio describiendo. Quier ir!!!!
    Gracias ahijado , tu paseo me hizo estar ahi… ya ire.